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Colaciones

La primera prohibición de celebrar colaciones por los hermanos de la cofradía la encontramos en las Ordenanzas de la Vera Cruz de 1658. Pero el hecho mismo de su inserción en el cuerpo normativo obliga a pensar que se venían celebrando y que la autoridad eclesiástica no estaba conforme con tales reuniones gastronómicas, basándose en los propios fines de la Cofradía. El capítulo 33 de dicho texto es terminante: «porque esta Hermandad esta alcançada y no tiene con que hacer gastos y no es bien que en ella que está dedicada a la Pasión de Xpo. y su Sangre aya comidas, colaciones ni almuerços, ordenamos que por ningun aczidente ni enpeño se pueda proponer aya collación, comida ni otra cosa alguna en orden a escote, sino que quando la limosna no fuere suficiente se haga repartimiento entre los hermanos y se pague lo necesario para su conserbación, en cuia ejecucion se quite el gasto que se hacia el día del Santísimo, en el qual solo se dé a los pendoneros que lleban el pendón a la procesion de almorçar limitadamente sin dar ni inbiar a nadie cosa alguna, y también se quite el almuerço que solían dar a los señores doce sacerdotes después del oficio de defuntos de mayo y si el peostre diere algo sea por su quenta y no de la Cofradía».

          Las Ordenanzas de la Vera Cruz de 1726 también fueron restrictivas en este punto, sobre todo teniendo presente que el Auto de formación de ordenanzas dictado por el provisor había prohibido cualquier gasto superfluo. En aplicación de este mandato quedó prohibida la costumbre que «antiguamente parece se practicaba» de regalar cabritos al abad, preoste, secretario «y otras personas», sin que se pudiera abonar por la cofradía ni insertar en las cuentas.

          Por su parte, las Constituciones del Santo Sepulcro de 1636 también eran terminantes en este punto al ordenar que, en ningún tiempo, se pudiera dar colación o comida para cubrir las deudas de la Cofradía, pero sí permitía repartir la propia de todos los hermanos. En este sentido es más clarificadora la junta de 26 de febrero de 1826, en la que «se acordó prohibir y prohibió a los estandarteros hagan gasto alguno, tanto por estar privado bajo excomunión, como por ser contrario a Nra. Santa Religión el tener funciones y comilonas en unos días, como son Jueves y Viernes Santo, dedicados a la contemplación de la Sagrada muerte y Pasión de N.S. Jesucristo, debiendo sólo satisfacer dichos estandarteros la cena». De estas palabras se desprende que la colación no estaba censurada, sino aceptada por la autoridad eclesiástica de la Cofradía; mientras que las comidas y bebidas de los hermanos al margen de aquella sí estaban prohibidas.

           En 1854, quizás con cierto espíritu ahorrador más que moral, se dispuso la supresión de la gratificación que para refrescos se daba a los armados por parte de la cofradía de la Vera Cruz, lo cual no supuso su desaparición. Hay que considerar el esfuerzo que hacen quienes portan las imágenes, por lo que ha sido costumbre que se recuperen con alguna bebida tradicional, en especial la limonada propia de estos días.

           En la visita que se hizo a la Cofradía del Sepulcro en 1866 se exhorta a los hermanos para que «sobre todo que en noche tan santa y tan propia de mortificación se abstengan de gastos innecesarios de comidas y bebidas, aunque sean bajo el modesto nombre de colaciones, tan fuertemente censuradas en el último auto de visita, si hemos de creer la reproducción que hacen de sus mandamientos en esta parte los primeros acuerdos del único libro que existe».

         En la actualidad, y como se hacía antaño, durante la colación que se celebra una vez terminada la procesión nocturna del Viernes Santo y reunidos todos o la mayor parte de los hermanos, discuten amigablemente alrededor de unas judías coloradas y viudas, regadas con el cercano tinto aragonés, los problemas surgidos en las procesiones, las ideas para mejorar su desarrollo o las incidencias acaecidas con algún hermano o la autoridad eclesiástica. Comida sencilla, amparada por la amistad y la fraternidad. No debe extrañar que, a pesar de las reiteradas prohibiciones normativas, las costumbres pudieran más y se haya mantenido hasta la actualidad la celebración de la colación.

         Aunque durante algunos años se cenó chicarro con aceitunas y ensalada, no tardó en recuperarse el menú más tradicional a base de judías coloradas, sin ningún aditamento. Es de rigor que al final se rece un padrenuestro por la memoria de los hermanos fallecidos durante el año.

          El Domingo de Pascua, tras la procesión de La Torrendera y la posterior quema del Judas, los hermanos se reúnen a almorzar y después en una tradicional comida.

 

 

 

Los Monumentos del Jueves Santo

 

            El Jueves Santo una vez concluidos los oficios religiosos en cada parroquia, y atendiendo a la singular relevancia que este día tiene en la Cristiandad, se coloca expuesto el Santísimo Sacramento en unos altares preparados para enaltecer la Eucaristía. La fastuosidad de estos altares efímeros, pues el Viernes Santo son desmontados, ha dado lugar a que la tradición castellana y seguntina los denomine Monumentos. Los principales adornos son la luz y las flores, puesto que numerosas velas junto con rosas, margaritas y otras flores encontraremos en cada iglesia.

             Pero no se pueden entender los Monumentos del Jueves Santo sin el acompañamiento de los seguntinos, quienes en un recorrido que dura toda la tarde y se puede alargar durante la vigilia nocturna, van elevando sus oraciones ante cada uno de ellos. Se encuentran en las parroquias de San Vicente, Santa María y San Pedro (Catedral), capillas del Asilo de ancianos y de las Betanias (antiguo Seminario), iglesia de los Huertos -donde el visitante compartirá rezo con las Hermanas Clarisas-, iglesia de las Ursulinas -antiguo convento de San Francisco- y capilla de los Josefinos -antiguo Palacio de Infantes de la Catedral-.

 

 

            Especial mención merece el Monumento de la Catedral. Sólo han quedado vestigios documentales del que debió construirse en el siglo XVI y que fue remozado en el XVIII. De su grandiosidad da buen cuenta que la procesión del Viernes Santo pasaba por debajo de él. Se construía en una de las naves laterales de la Catedral. Hoy día se coloca la parroquia de San Pedro, habiéndose utilizado durante algunos años un viejo tapiz -recuperado por los Amigos de la Catedral- que debió servir para ocultar el retablo de la Virgen de la Mayor durante la Semana Santa y que pudo utilizarse, expresamente, para verificar el acto del Descendimiento el Viernes Santo.

 

 

La quema del judas

 

             El Domingo de Pascua de Resurrección, tras haber concluido la procesión con la Virgen de la Alegría, ha sido tradicional el quemar un pelele elaborado con paja y pólvora, como señal de júbilo por la Resurrección de Cristo y su triunfo sobre la traición del Apóstol que lo entregó.

              El gasto en pólvora está acreditado en la documentación manuscrita. A finales del siglo XVIII se conservaban judas en la ermita del Humilladero.

             Esta tradición, muy extendida por Castilla, ha sido punto de referencia en numerosas guías, destacando más este acto festivo que las procesiones, mucho más relevantes a  mi juicio. Con anterioridad se quemaban varios en diferentes calles de Sigüenza, siendo prendido el último en la Plaza de D. Hilario Yaben, puesto que en la actualidad la Cofradía procede a su quema en la puerta principal de acceso a la Alameda, con el fondo de la Catedral o de la iglesia de los Huertos, según desde donde se contemple.

 

 

 

 

© Pedro Ortego Gil.

Antonio López Negredo.

Javier Sánchez García.

Javier Sanz Serrula.