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Cofradía del Santo Sepulcro de Sigüenza

 

 

     En el cabildo del lunes 11 de agosto de 1636 el procurador del Cabildo Catedral seguntino manifestó "como personas devotas de la Santa Cruz querían celebrar la festividad y hacer la procesión del Entierro de Cristo". A esta súplica se agregó la necesidad de encontrar un lugar donde se pudieran juntar los hermanos e instalar la Urna del Sepulcro, por lo que mientras esto no ocurriera, dichas personas diferían su constitución como tal cofradía hasta el momento en que se les concediese licencia para reunirse en la Ermita de San Lázaro, extramuros de la ciudad y propiedad del Cabildo. Este, viendo que el fin era devoto y loable, les dio licencia para que en dicha Ermita pudieran poner en un altar el Santo Sepulcro, celebraran en ella las misas y las festividades que tuvieran por devoción. 

     Su acta fundacional, en la que se redactaron sus Constituciones, se remonta al 28 de agosto de 1636, siendo entonces obispo de Sigüenza fray Pedro González de Mendoza. Este prelado aprobó, por medio de su provisor Bernardo Ortiz de Oballe, las Constituciones de aquella, elaboradas por Cristóbal de Liébana y Cadena -su primer abad- y algunos canónigos. Su finalidad era ajustar sus acciones al servicio de Cristo, de modo que no tuvieran que temer su venida, aumentar el culto, el servicio y el alivio de sus almas. El título completo que adoptó fue el de Noble y Loable Cofradía del Santo Sepulcro de Cristo Nuestro Señor y Esclavos de la Cruz, aunque fuera conocida simplemente como Cofradía del Sepulcro. 

       Junto a este objeto piadoso, una de las razones que pudieron motivar la creación de esta cofradía, a pesar de existir otra con fines análogos, puede encontrarse en la ausencia de la representación cronológica de la Pasión que existía en Sigüenza entre el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. En este sentido, la Semana Santa castellana en general desarrolla, a lo largo de los días que la componen, distintas visiones/procesiones tal y como se fueron sucediendo en el tiempo: entrada de Jesús, la oración en el Monte de los Olivos, la Sagrada Cena, la Crucifixión, el Descendimiento, el Entierro y su Resurrección. Sin embargo, en esta ciudad mitrada faltaba, entrado el siglo XVII, la representación de los hechos que correspondían celebrar el Viernes Santo. Si a ello añadimos la imitación de lo que, desde fechas anteriores, se hacía en otros lugares de la Monarquía española, podemos comprender mejor su creación.

 

 

 

            El libro de las Constituciones de esta Cofradía está escrito en tintas rojas y negras, sobre hojas de pergamino. Se redactaron estas ordenanzas en la ermita de San Lázaro, extramuros de la ciudad, bajo la presidencia de Cristóbal de Liébana, canónigo, que fue elegido por abad. La petición para la aprobación de aquellas fue presentada, en nombre del abad, por el canónigo Matías de Arteaga y Urueña y el racionero Juan Pachecho y Urueña, al entonces provisor y vicario general de la Diócesis Bernardo Ortiz de Oballe. Estas se distribuyen en cinco capítulos y un total de 35 ordenanzas, precedidas de la petición para su aprobación elevada a dicho provisor, la junta de hermanos para su elaboración, la parte dispositiva dedicada a las ordenanzas y el auto de aprobación. En ellas se regulan sus festividades y el modo de hacer las procesiones del Santo Entierro y de la Cruz; derechos y obligaciones de los hermanos; el pago que debían hacer estos y su ingreso; el entierro de los mismos y su consuelo; nombramiento de oficios, orden en las procesiones, economía de la Cofradía, petición de limosnas, del abad, la prohibición de celebrar colaciones, las ausencias y las ulteriores modificaciones que pudieran introducirse en su redacción.

     La circunstancia de no haberse redactado otras a lo largo de tres centurias se debe a la flexibilidad que para su modificación aparece en la última ordenanza con la que se cierran las fundacionales. El fundamento de esta disposición es evidente, ya que con el transcurso del tiempo podían presentarse inconvenientes, surgir la necesidad de regular cuestiones no previstas o derogar alguna norma, todo "como más convenga al servicio de Dios Nuestro Señor y buen gobierno de esta Hermandad". Las modificaciones o novedades que se introducían podían dictarse por el abad mediante decreto. No obstante, para respetar la autoridad eclesiástica exigida por las cláusulas fundacionales y dar mayor validez a las decisiones de sus juntas o "para que tenga fuerza de ley u ordenanza de la misma Cofradía", se pedía al Provisor "se sirva en su vista y teniendo consideración a cuanto va expresado, aprobarle y confirmarle como ordinario Diocesano, mandando a todos y cada uno de los hermanos de la dicha Cofradía, así Prebendados como Eclesiásticos mercenarios y seculares de ella, la observen, guarden, cumplan y ejecuten sin ir ni venir contra su tenor en manera alguna, bajo las multas que V.m. tuviese por convenientes y precisas".

     Su principal festividad ha sido siempre celebrar el entierro de Cristo en la tarde del Viernes Santo. En esta tarde tan solemne se celebraba el famoso Descendimiento en la Catedral -suprimido por el Obispo Juan Díaz de la Guerra en 1780-, un sermón y la procesión hasta la Ermita de San Lázaro. También celebraba las festividades de la Invención de la Cruz -3 de mayo-, Triunfo -16 de julio- y su Exaltación -14 de septiembre- los años impares, ya que los pares correspondía su organización a la Cofradía de la Vera Cruz de acuerdo con la Concordia de 1658. El ánimo sustancial de los primeros hermanos se mantiene en la actualidad, aunque en algunas cuestiones, como las referidas a la celebración de las festividades relacionadas con la Cruz, hayan variado, mientras otras, como la procesión del Entierro de Cristo apenas haya variado hasta llegar a la configuración actual.

 

 

     Es difícil resumir los avatares de la Cofradía del Santo Sepulcro sin hacer referencia a sus fechas más destacadas: el 12 de enero de 1637 solicitaba del Cabildo licencia para celebrar por primera vez el Descendimiento y la procesión; en 1721 nos consta, por primera vez, que la procesión dio la vuelta completa a la Catedral, lo que implicó realizar obras en el Monumento; el 3 de marzo de 1780 se dictó el Auto episcopal de prohibición del Descendimiento; entre 1783 y 1797 suspendió sus festividades; tampoco se celebraron procesiones entre 1810 y 1814 por la invasión francesa; en 1841 se desamortizó la última casa de su propiedad; y, por fin, su fusión con la Cofradía de la Vera Cruz en un proceso que se inició a comienzos del siglo XX y que culminó tras la Guerra civil.

     Su historia ha podido reconstruirse, fundamentalmente, mediante las citadas Constituciones de 1636, que son las únicas que se elaboraron. Se cuenta, además, con las actas del Cabildo Catedral, algunas peticiones elevadas por la cofradía para celebrar sus cultos o festividades, y el único libro de juntas de esta que se conserva (1800-1904). Datos esporádicos también pueden encontrarse en ciertas causas del Tribunal Eclesiástico, en algún Auto de visita y en las referencias de la documentación de la Cofradía de la Vera Cruz, antaño separada y enfrentada a la del Sepulcro en numerosas cuestiones. Completado todo ello con la tradición verbal trasmitida de generación en generación y que permite llenar las lagunas propias de la información documental.

 

 

            Como sede de la Cofradía del Santo Sepulcro y lugar sagrado para el culto de sus imágenes titulares, el Cabildo Catedral le cedió el 11 de agosto de 1636 el usufructo de la ermita de San Lázaro «para que en dicha ermita pongan el dicho Sepulcro en un altar, y digan las misas y festividades de su devoción». No sufrió remodelaciones sustanciales hasta el siglo XX, aunque fueron frecuentes las denuncias de su mal estado de conservación. Las reparaciones comenzaron pronto, puesto que en 1652 la Cofradía elevó una petición al Cabildo Catedral para que les diera permiso para poner con mayor decencia el Santo Sepulcro; y, un año después les permitió hacer más grandes las ventanas de la ermita, e incluso abrir alguna otra si fuere necesario. Hasta 1841 no hay noticias de su lamentable estado, pues en febrero de este año «se acordó que el señor abad, procurador y arqueros se avisten con el señor provisor de este Obispado, sobre la ermita concedida a la Cofradía por el Cabildo Catedral denominada de San Lázaro y que ha servido de Parroquia en los años anteriores, se halla amenazando ruina, especialmente el sobreportal de ella, por no haberla reparado con motivo de la traslación de la Parroquia de Santa Bárbara y de las Cofradías de Santa Bárbara y San Judas; y no pudiendo ver sin dolor la del Santo Sepulcro el que se arruinaría dicha Ermita si no se reparase inmediatamente después de tantos años que se le concedió, deseosos de evitar su ruina, desde luego se conforman en que se proceda a repararla, procediendo de acuerdo con el señor provisor y demás personas que deban tomar conocimiento, evitando en todo caso las dificultades que puedan oponerse».

            Las transformaciones más importantes tuvieron lugar con la construcción del Asilo de Ancianos, además de su última ampliación en la década de 1970, en que gracias a la tenaz defensa de algunos hermanos se respetó la capilla, aunque con ciertas modificaciones. Nos indica el obispo Minguella que desde el establecimiento de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados comenzó a pensarse en la definitiva instalación del Asilo, «eligiendo junto a la antigua Ermita de San Lázaro, después de Santa Bárbara y del Santo Sepulcro... Reformándose luego la expresada Ermita, convertida ya en bonita Iglesia».

            En la mencionada capilla se encuentran las imágenes propiedad de la Cofradía, salvadas de diversas destrucciones de la ciudad, al contrario que los pasos de la Vera Cruz. No obstante, como consecuencia de la Guerra de la Independencia, en la junta de San Matías del 24 de febrero de 1814 se nombró una comisión para «componer los santos pasos para la procesión de este año, procurando sea con alguna decencia, en cuanto sea posible en las actuales circunstancias». El haberse salvado pudo deberse quizás a no encontrarse dentro del casco urbano, sino extramuros de la ciudad, a su entrada; y, más recientemente, a encontrarse inmediata la capilla donde se encuentran los pasos al Asilo.

            El Viernes Santo de 2012 celebró el CCCLXXV aniversario de la procesión del Santo Entierro. La talla de Cristo fue, además, restaurada para recuperar su esplendor.

 

 

            La historia completa de la Cofradía del Santo Sepulcro se puede consultar en la revista Cuadernos de Etnología de Guadalajara, 25 (1993), pp. 9 a 78.

 

© Pedro Ortego Gil

José María Cantarero

Marina Ortego Carrascal