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           De acuerdo con la Bula de 1536 y las Ordenanzas de 1562, como hermandad de disciplina, no tenía pasos y tan sólo contaba con tres crucifijos, de diferente tamaño, para la procesión del Jueves Santo.

            La Cofradía de la Vera Cruz erigió, en el último tercio del siglo XVI, la ermita del Humilladero extramuros de la ciudad. En ella guardó las imágenes de la Pasión, como también las de la Virgen en su Soledad y en su Alegría. En el siglo XX, debido a la mala situación en que se encontraba aquella ermita, pasaron a la iglesia de los Huertos, más tarde a la iglesia de las Ursulinas -antiguo convento de San Francisco- y, en la actualidad, se encuentran en la parroquia de Santa María.

            Con motivo de la Concordia celebrada con la cofradía del Entierro de Cristo en 1658 sobre las festividades de la Cruz y la reforma a que dio lugar, en las Ordenanzas de la Vera Cruz de dicho año se dispuso que «para este día se ha de hacer Cruz que se ponga en andas y a de servir solamente para ella, porque la Cruz grande ha de ir en la procesión del Domingo de Ramos y Juebes Santo como siempre ha ido». Por tanto, ya no bastaba con los crucifijos detallados en las Ordenanzas de 1562, ni con la Cruz que se hizo con posterioridad, puesto que se mandó construir una nueva para ser llevaba por cuatro hermanos sacerdotes.

            Desconocemos cuándo se adquirieron los primeros pasos. Es probable que inmediatamente después de levantar la ermita del Humilladero, cerrada y con capillas u hornacinas en su interior, se adquiriesen las primeras imágenes. A comienzos del siglo XVII ya desfilarían por las calles seguntinas, puesto que en 1609 y 1610 las peticiones al Cabildo mencionan las insignias, si bien podían referirse a pendones, estandartes o cruces y no necesariamente a pasos procesionales. De lo que no hay duda es de que la Virgen de la Alegría procesionaba, al menos, el Domingo de Pascua en esta época. Con posterioridad, esta imagen sufrió varias vicisitudes. En 2015 ha sido restaurada en unos afamados talleres de Horche y se han confeccionado por diversas mujeres seguntinas un vestido y un manto nuevo para realzar la talla más antigua de la Cofradía.

            Con relación al resto de imágenes, a mediados del siglo XVII ya hay constancia de que venían celebrándose las procesiones con tres pasos: Cristo de la columna, Cristo con la cruz a cuestas y Virgen de la Soledad. La Virgen de la Soledad, la propia de la Cofradía de la Vera Cruz puesto que la del Sepulcro tenía otra, también recibió el nombre de Dolorosa. Además, para la procesión del Domingo de Pascua contaban con la Virgen de la Alegría.

            En la junta general extraordinaria de 6 de enero de 1856 se reunieron con la finalidad de «deliberar sobre la aprobación de una Santa Ymajen nueba de la Humildad y así juntos dijeron: que la Cofradía estaba en haver un paso más, y que aprobaban lo echo por el Sr. Mayordomo con tal que estubiese como es devido estar con arreglo a toda rúbrica, y que para ber si así estaba se nombrasen dos personas intelijentes en reconcerla y ber si estaba de recibo, o si tiene algún lebe defecto se lo enmienden, autorizando para esto a la Diputación y también para su ajuste hacerle su alba y túnica; y que para el coste de todo se ponga una lista nominal de toda la Cofradía para que el criado vaya a casa de todos los hermanos y estos pongan al margen de su nombre lo que de su plena boluntad quieran dar en limosna para tode el coste de dicha Santa Imagen de la Humildad». Se acordó adquirir la nueva imagen de La Humildad por un importe de 300 reales. Las consabidas lagunas en la documentación conservada nos impiden detallar quién fue el autor de esta imagen, aunque por aquel entonces Mariano Bellver estaba realizando la Santísima Trinidad del altar mayor de la parroquia de san Pedro, concluida en 1861. Resulta imposible determinar si esta imagen es la que aparece en la colección de postales con el título de Ecce Homo, pues se representa de forma muy similar al Cristo de la Humildad, o fue una de las que se vendió en 1909.

 

 

            A mediados del siglo XIX la cofradía debía encontrarse en una situación desahogada, porque el 19 de abril de 1857 acordó retocar y arreglar el Cristo de la columna por 70 reales. Aunque a partir de la década de 1870 fueron más habituales los retoques o arreglos en las imágenes, que debieron comenzar a verse afectados por la mala situación en la que se encontraba la ermita que los cobijaba. Desaparecida esta talla durante la Guerra civil, no en la conciencia de los seguntinos nunca se perdió el afecto que tenía por esta imagen. En 2015 y gracias a los donativos de los seguntinos se ha adquirido una nueva imagen de Cristo atado a la columna, realizada por Artemartínez, con el fin de recuperar la historia y la devoción de aquello que representaba. Fue bendecido solemnemente el 20 de marzo en la Catedral y trasladado a continuación a la ermita.

            La decisión más importante llegó en 1906 a instancias de quien entonces era el abad de la Cofradía. En efecto, en la junta general de 13 de mayo de 1906 la citada autoridad de la Cofradía «expuso a la Cofradía lo conveniente que sería ver el medio de si se podía de hacer lo posible por renovar las Stas. Imágenes para lo cual pidió autorización a los Sres. hermanos para hacer gestiones en ese sentido sin gravar en nada a la Cofradía, puesto que en nada podía contribuir en vista de su estado precario», y pidió a los hermanos que cada uno pusiera lo que pudiera. La situación económica de la Hermandad no era mala, ya que la venta de títulos de Deuda pública y la previsible venta de las imágenes antiguas o más deterioradas podía cubrir el coste de dicha decisión, por lo que se acordó «hacer gestiones respecto a la sustitución de Imágenes, cosa que era necesaria viendo el mal estado en que se encontraban, pero que había el inconveniente de que no se contaba con todos».

            Las gestiones se desarrollaron con extraordinaria rapidez, de manera que en la diputación preparatoria de 1907 «se acordó que las procesiones de Semana Santa se hicieran con la mayor solemnidad que en años anteriores por la circunstancia de haber traído Imágenes nuevas, por lo que el Domingo de Ramos». Lo cierto es que toda la población de Sigüenza colaboró con esta adquisición, desde las autoridades eclesiásticas a las civiles, los que eran hermanos de la Cofradía y los que no lo eran. Con ello se trató de cubrir el «coste de las Imágenes, túnicas, manto de la Virgen, andas, faroles, portes y demás gastos. 3149 pts. 60 cts».

 

 

            No se conservan noticias sobre el verdadero estado de los pasos antiguos, pero en aquella época la restauración de imágenes no era algo conocido y desarrollado como para haber optado por este método de conservación. Por ello y con el objeto de obtener algún rendimiento pecuniario de ellas, el abad propuso que la Cofradía discutiera «si autorizaba a la Junta de Diputación para enajenar los Pasos viejos con objeto de sacar la mayor cantidad posible en favor de la Cofradía, a lo cual todos los Sres. hermanos autorizaron a la junta de Diputación para que haga las gestiones necesarias al indicado objeto». Dicha autorización llegó y por la venta de las imágenes deterioradas se obtuvo la cantidad de 800 pesetas. El dinero obtenido acordó reservarse para la posible adquisición de un nuevo paso, de manera que en las cuentas de 1909 ya figuran las limosnas para la adquisición del paso de la imagen de Jesús Crucificado (la Crucifixión), que fue comprado tras las Semana Santa del año siguiente por un importe de 2.019 pesetas, aunque se planteó algún problema para llevarlo en 1910. A partir de ese momento apenas hubo iniciativas de renovación de los pasos, limitándose a adquirir un manto para la Virgen de la Soledad propia de la Vera Cruz.

            La llegada de estos nuevos pasos y la situación ruinosa del Humilladero motivaron su cambio de ubicación, de manera que a partir de entonces y durante tres décadas estuvieron guardados en la iglesia de Nuestra Señora de los Huertos, aunque no fuera una decisión fácil de adoptar por las discrepancias entre los hermanos, defensores algunos de ellos de la tradición de la Cofradía y, sin duda, por los motivos que llevaron a rechazar la propuesta de permuta hecha por el ayuntamiento.

            Con respecto a sus pasos, algunos fueron vendidos en 1908 a instancias del abad Mamblona para comprar otros; mientras que el resto -salvo la Virgen de la Alegría- fueron víctimas del ensañamiento de un grupo de milicianos llegados de fuera de la ciudad en 1936. Por suerte, una interesante colección de postales nos ha permitido mantener el recuerdo de estas imágenes. Esta imagen debió perder las manos -no se olvide que es talla de vestir-, por lo que en 1942 se adquirieron unas manos para la Virgen de la Alegría por la suma de 44,45 pesetas a lo que hubo de añadirse los portes del ferrocarril.

            Representaban, además de la ya citada Virgen de la Alegría -imagen barroca de las llamadas de vestir-, la Oración de Jesús en el Huerto -cuya similitud con la actual es muy escasa-, al Ecce Homo -sentado y con túnica-, la Flagelación de Jesús -también conocido como el Cristo atado a la columna y que era la imagen más querida del pueblo seguntino, además de ser la que levantaba mayor admiración-, Jesús con la Cruz a cuestas -que representaba una de las tres caídas-, la Vera Cruz -que había sido adquirida por 2.019 pesetas en 1909, quizás para sustituir a la anterior- y la Virgen de la Soledad -imagen propia de esta Cofradía y diferente de la que pertenecía a la Cofradía del Santo Sepulcro-.

            Los problemas de imaginería tras la Guerra de 1936-39 fueron generalizados. Para remediar, en la medida de lo posible, este problema, el Vicario Capitular, el inefable Hilario Yaben, realizó diversas gestiones de las que daba cuenta a través del Boletín eclesiástico: «Siendo tanta la escasez de imágenes y la necesidad de sustituir las destruidas, convendría que todos nos dirigiéramos a una misma casa para obtener mayores ventajas. Me he dirigido a la conocida casa El Arte Cristiano de Olot y me ofrece una rebaja del 10 por 100 sobre los precios de catálogo en el caso de que durante el año 1941 nos comprometamos a hacerles pedidos por un precio mínimo de 30.000 pesetas... Un inconveniente hay y es que por ahora el Arte Cristiano no sirve imágenes sino de cartón madera porque los talleres de talla no han recobrado todavía en dicha casa su vida normal».

 

La junta del 31 de marzo de 1940, después de proceder a la elección de cargos, les facultó «para que en representación de la Cofradía realicen cuantas gestiones sean necesarias para la adquisición de pasos que sustituyan a los destruidos por las hordas marxistas». En la que se celebró el 9 de febrero de 1941 el Abad dio cuenta de las gestiones realizadas sobre los pasos, manifestando que se habían comprado en firme el Paso de la Oración del Huerto y el de la Crucifixión, cuyos precios eran de 3.023 pesetas y 6.043 pts., respectivamente, a cuyas cantidades había que añadir los gastos de transporte. El problema era que sólo para tal gasto sólo se disponían de 4.500 pesetas procedentes de donativos, además de una tómbola benéfica y funciones teatrales. A pesar de las dificultades, la junta del 12 de abril de 1942 se hizo cargo la cantidad de 15.230 pesetas, con una data 14.997 pesetas, incluyendo en esta «por pago a la Casa Vayreda, Bassols, Casabo y Cia. por los Pasos de la oración del Huerto y Crucifixión 8.935 pesetas».

En 1944 el entonces abad propuso que para celebrar el cuarto centenario de la fundación de la Cofradía de la Santa Vera Cruz la adquisición de nuevos pasos.

 

            En numerosos pueblos de España existen reproducciones iguales a los pasos de la Oración del Huerto y del Prendimiento o Beso de Judas, realizados en la citada casa de Olot. No obstante, en todos ellos varían las andas o mesas en que se portan, de manera que mientras en Sigüenza son ocho los armados que trasladan en Beso de Judas, en Tarancón lo hacen 38 banzeros.

            Los pasos más antiguos, frente a lo que pudiera pensarse, son Cristo con la Cruz a cuestas conocido como El Cirineo y la Virgen de los Dolores. Ambos pasos, que estaban en la parroquia de San Pedro, salieron en procesión a partir de 1948. Ambas imágenes, de vestir, fueron situadas en la parroquia de San Pedro en sendos altares: El Cirineo en el altar de la izquierda cercano al presbiterio, mientras que la Dolorosa se situaba en el altar de la derecha. Tras la restauración de la citada parroquia y al quitarse sus altares laterales, ambos pasos se conservan con el resto de los pasos.

            La historia de estos dos pasos se remonta al cabildo del 1 de abril de 1800, en el cual se leyó una carta de Blas Joaquín Álvarez de Palma, obispo auxiliar de Juan Díaz de la Guerra y gobernador del Obispado, con fecha del 18 de marzo anterior en la que «pide permiso para colocar las devotas Imágenes de Jesús Nazareno y María Santísima en el Mysterio de sus Dolores». La procedencia jerezana del obispo auxiliar está sin duda en el origen de ambas imágenes de vestir, sobre todo en la Virgen que, a diferencia de las dolorosas castellanas, presenta un molde semejante a las andaluzas. Además, la cercanía de la Semana Santa y la vinculación con ella de las dos imágenes donadas debió favorecer el interés de la cofradía de la Vera Cruz para poderlas procesionar. No obstante, en la misma reunión del Cabildo «se leio un Memorial de la Cofradía de la Santa Vera Cruz en que pide el permiso del Cabildo para celebrar las procesiones, colocar los Santos Pasos y demás que acostumbra en la Semana Santa y día de Resurrección en San Pedro y la Santa Iglesia, y acordó el Cabildo se le conceda a licencia que solicita, pagando antes lo acostumbrado, y archivese el Memorial, y que las Santas y devotas Imágenes de Nuestro Amable Redentor y María Santísima que el Sor. Gobernador quiere colocar en esta Santa Iglesias, no las pueda dicha Cofradía ni ninguna otra por ningun pretexto sacar sin consentimiento y expresa licencia del Cabildo, debiendo quedar a su arbitrio el permitirlo o no, según le parezca conveniente». Sufrieron los avatares de la Guerra de la Independencia sin mayores consecuencias.

            Todos estos pasos han sido restaurados entre los años 1999 y 2001 por Aurelio Sánchez Martínez, quien además de su labor pastoral como párroco de Torremocha del Campo es un experto en estos trabajos de restauración y artesanía. También se ha aprovechado para sustituir las antiguas mesas que sirven de base a los pasos y los banzos para su porte.

En las procesiones cada paso lleva su jefe. Este debe dar un primer golpe con su lanza o mando para que los que portan aquel retiren las horquillas y coloquen el hombro. Con el segundo golpe continuarán la marcha. Las paradas se ordenan con un solo golpe. La peculiar orografía callejera seguntina obliga a que los altos bajen en los banzos delanteros y los bajos en los traseros; mientras que en las subidas han de cambiar para evitar, en todo momento, que los pasos vayan excesivamente desnivelados. Además, el oficio de jefe de armados lleva implícito, como ya señalamos, el mando de los pasos titulares de las Cofradías, esto es, de la Vera Cruz el Domingo de Ramos y el Jueves -durante este siglo el Viernes Santo por la mañana-, y el del Entierro el Viernes Santo.

Cada paso es portado por un número diferente de hermanos. El mínimo para cada uno de ellos es el siguiente: para la Oración del Huerto bastan cuatro, aunque pueden llegar a ser ocho; el Beso de Judas lo llevan entre ocho, a pesar de que la distribución de pesos es muy diferente entre banzos por la disposición de las figuras; el Cirineo es portado por cuatro; la Crucifixión fue llevada, durante muchos años, por seis armados, aunque en la última restauración se le ha incorporado un banzo más, lo que eleva a ocho su número; y, la Dolorosa es trasladada por cuatro. En consecuencia, sin contar los habituales armados de relevo, bastarían veintiocho para llevarlos y cinco para mandarlos. Con el primer golpe del mando se pone en el hombro, al segundo se inicia la marcha con el pie izquierdo.

La Entrada de Jesús en Jerusalén, conocida como La Borriquilla y compuesto de Jesús sobre una pollina y tres niños, se adquirió entre 1969 y 1970 en los talleres valencianos de Efraín Gómez Montón por la cantidad de 100.000 pesetas. Su traslado a Sigüenza se verificó en un camión de José Cerezo debido, según comunicaba el autor en una carta del 8 de febrero de 1970, «a que esto no se puede cargar de cualquier manera por la clase de trabajo que es, y porque tiene que ir todo montado y hecho todo fuerte, formando un solo bloque». La carroza con ruedas fue ejecutada por Carmelo Bau, ascendiendo su coste a 11.415 pesetas.

Merecen una mención especial las cruces de la Cofradía. Las Ordenanzas de 1562 se limitaban a disponer que para la procesión de la Cruz de mayo se escogiera uno de los crucifijos. Al igual que he apuntado para con las restantes imágenes, la Cruz procesional debió construirse simultáneamente a la ermita. Con motivo de las conversaciones entabladas con la Cofradía del Santo Sepulcro en 1658, la junta que se celebró el 14 de abril dispuso que, cuando tocare a la Vera Cruz, en la procesión «se a de llebar la Santa Cruz en andas». Las Ordenanzas redactadas este mismo año también establecieron que, en la procesión del Domingo de Ramos y tras el estandarte, se llevara «luego la Cruz Berde grande que esta en el corateral» del Humilladero; mientras que en la festividad de mayo, «la Cruz a de ir en andas y la an de llebar quatro señores sacerdotes de los doçe», flanqueada por hermanos de reserva con sus hachas. Pero la Cruz para la festividad de su Invención no debía estar ejecutada o, al menos preparada para llevarla a hombros. Del capítulo decimoquinto de dicho texto normativo así se deduce: «y para este día se ha de hacer Cruz que se ponga en andas y a de servir solamente para ella, porque la Cruz grande ha de ir en la procesión del Domingo de Ramos y Juebes Samto como siempre ha ido». Quizás para distinguir ambas, la Cruz de Semana Santa era verde y la de Mayo dorada. Así se desprende de los preceptos de 1726: la primera era llevada en la procesión del Domingo de Ramos por un hermano nombrado por el peostre; mientras que para la segunda «teniendo para ello de talla dorada la Santa Cruz que se saca en andas», llevada por cuatro sacerdotes de los doce designados por el abad.

En las Constituciones de 1867 se estableció un crucero para llevar la Cruz verde en Semana Santa, aunque en 1895 se decidió nombrar cuatro hermanos de capa, si no hubiera armados, para llevar esta Cruz. Decisión que no se mantuvo, porque la falta de hermanos de carga obligaría en 1907 a que «la Cruz Verde se pintara y se pusiesen unas asas de hierro para poderla llevar con más comodidad». Así es como se porta en la actualidad.

            Por otra parte, en la antigua capilla de San Lázaro, hoy dentro de la iglesia del Asilo de ancianos, se encuentran las imágenes de la Cofradía del Sepulcro, salvadas de diversas destrucciones de la ciudad, al contrario que los pasos de la Vera Cruz. El haberse salvado pudo deberse quizás a no encontrarse dentro del casco urbano, sino extramuros de la ciudad, a su entrada; y, más recientemente, a encontrarse inmediata la Capilla de la Residencia de ancianos.

            La talla de Cristo puede fecharse en los primeros años de creación de la Cofradía, es articulada y digna de una contemplación detenida. Sus articulaciones pueden apreciarse sin dificultad, aunque ya no se extiendan como antaño, y también los huecos de los clavos en manos y pies. En la actualidad está recostado en una preciosa sábana morada con bordados en oro, dejando descansar su cabeza en dos almohadas finamente bordadas. En otras épocas bajaba cubierto con la sábana de terciopelo.

            El año 2012, en el que se conmemoró el 375 aniversario de la procesión del Santo Entierro, la talla mostrará todo su esplendor. Ha sido restaurada con cuidadosa pulcritud y con laboriosa dedicación por José Miguel Jiménez Parrilla (Tríptico Restaura). Eliminados anteriores retoques, curada de agentes extraños y recuperada su luminosidad, seguirá contando con la devoción secular de los seguntinos.

            Desconocemos como fue la primitiva Urna. Parece, sin embargo, que siempre ha tenido la techumbre piramidal, con la posibilidad de retirarse para efectuar el Descendimiento y con cristales para poder ver la talla de Cristo. Pérez Villamil nos la describe a fines del siglo XIX como «una urna de cristal cerrada con techumbre piramidal, y adornada de prolija talla dorada al gusto del pasado siglo». Va adornada en los ángulos de su techumbre con pequeños angelotes que portan los instrumentos de la Pasión. Los tradicionales faroles se retiraron sustituyéndose por una iluminación interior, lo que permite contemplarlo en la oscuridad de la noche.

             La imagen de la Virgen de la Soledad, que es de vestir, deslumbra por su asombroso patetismo, aunque la circunstancia de no mencionarse en las primitivas Constituciones de 1636 y tampoco en las licencias del Cabildo, nos inclina a pensar que fue adquirida tiempo después de la fundación de la Cofradía. El célebre escritor seguntino citado nos la describía en 1880, «cobijada por un dosel negro, es una buena imagen, vestida a la manera que se representa a Nuestra Señora en esta advocación dolorosa». La imagen va cubierta con manto negro bordado en oro, iluminada su triste cara con un pequeño foco y sobre unas andas adquiridas hace pocos años, sin dosel, delicadamente adornadas con flores.

             En 2016 estrenó nuevas andas para ser portada con mayor solemnidad por ocho armaos.

 

 

 

 

 

 

 

© Pedro Ortego Gil

José María Cantarero.

Marina Ortego Carrascal.