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Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos se celebran dos procesiones. La matinal de las palmas, festejando la entrada de Jesús; y la vespertina, con el traslado de los pasos hasta la Catedral. La primera fue organizada, tradicionalmente, por el Cabildo, mientras de la segunda se ocupaba la Cofradía de la Vera Cruz.

Por la mañana, antes de iniciarse la procesión, los miembros del colegio catedralicio, cubiertos con sus capas, acuden en procesión, tras la cruz guía, en busca del Obispo, mientras van rezando. Desde la peculiar distribución diocesana que se hizo en la década de los sesenta del siglo pasado, sólo se allegan al Palacio Episcopal cuando corresponde al prelado pasar la Semana Santa en la capital del Obispado. En otro caso, acuden directamente a la Parroquia de Santa María. Allí están preparados los ramos de olivo y las palmas que ha proporcionado la cofradía. Fue costumbre que los hermanos se ocuparan de traer las palmas, pues con su venta obtenían un pequeño beneficio

Tras la bendición de las palmas y los ramos, se inicia la procesión desde el mencionado templo a la Catedral. A partir de 1970 pasó a formar parte de la misma el paso de la entrada de Jesús o de La Borriquilla, adquirido por suscripción popular. En ella, los más pequeños participan con especial alegría, tanto por lo que significa la festividad como por ser el primer día que visten sus capuchones. Una vez concluida, se celebra misa solemne en la propia Catedral.

Con respecto a la vespertina, son muy escasas las noticias que permiten remontar la celebración de esta procesión del Domingo de Ramos al siglo XVI. Las Ordenanzas de 1562 no la mencionan. El remate de la ermita del Humilladero en 1577 debió dar origen a esta procesión, si bien las primeras noticias se remontan a 1599 cuando «el Sr. D. Juan Chacon pidió y suplicó a sus mercedes como Abad que es de la Cofradía de la Bera Cruz le hiciesen merced de dar licencia para que se hiciese la procisión el Domingo de Ramos en la tarde y el primer día de Pascua para traer las ynsinias de la dicha Cofradía con devoción y los ministriles que taniesen al tornar las dichas ynsinias».

          Desde comienzos del siglo XVII la información de las actas capitulares es más explícita. Así en el cabildo catedralicio del 10 de abril de 1609 «a petición de Juan de Carabias, procurador de la Cofradía de la Sancta Vera Cruz, el Cabildo mandó se le den para la dicha Cofradía las campanas acostumbradas para el Domingo en la tarde primero venidero mientras traen a la yglessia del humilladero las insignias para volverlas el día de la Resurrection, y ansimismo para la processión que se haze al humilladero el día de la Cruz de mayo». Al año siguiente se repetía la petición en términos similares por el procurador Juan de Carabias para que «tañan las campanas el domingo de Ramos después de Vísperas mientras traen las insignias desde el humilladero y la mañana de Resurrection quando llevan la imagen de Nra. Señora al dicho Humilladero».

En las Ordenanzas de 1658 se manifiesta que el traslado de los pasos desde el Humilladero a la Catedral «se a echo siempre el Domingo de Ramos por la tarde por ser dia de fiesta ha que acude toda la jente de la ciudad con mucha deboçión». Debían acudir todo los hermanos a la ermita: los sacerdotes con sobrepelliz, los de reserva o vela con su hacha y los de disciplina portarían los pasos o acompañarían la procesión. Abriría la procesión el estandarte negro de la cofradía y la Cruz verde grande -como se hace en la actualidad-, el Cristo de la columna -llevado por seis hermanos de disciplina con hábito negro-; y el de la Cruz a cuestas --portado por «doce hermanos labradores de buen ábito y que tienen deboçión dello»-, un Crucificado -el paso de la Crucifixión se integra a comienzos del siglo XX- llevado por un sacerdote de los doce capellanes -reminiscencia del siglo anterior- y, por último, la Virgen de la Soledad en andas -portada por cuatro de los capellanes-. Por ambos lados irían los hermanos de reservo con sus hachas de cera y los de disciplina con ellos. Cerraría el desfile procesional el abad con capa pluvial cantando el Vexilla Regis. Su recorrido era breve, pues enfilaba desde el Humilladero hacia la Puerta de Medina, por el camino que iba al Colegio de San Antonio de Portaceli -actual calle Medina-, entrando en la Catedral por la Puerta de los Perdones hasta dejar los pasos y concluir la procesión en el llamado Palacio.

          Las Constituciones de 1726 también recogen en detalle la celebración del Domingo de Ramos. La procesión tenía lugar por la tarde y a ella concurría «la maior parte de la Ciudad por devozion». Para dar realce a este festividad, dispusieron que todos los hermanos sin distinción acudieran, después de los oficios de Horas, a la ermita del Humilladero «para llebar procesionalmente los Pasos de la Pasión de Nro. Redemptor que dicha Cofradía tiene desde dicha Hermita a la Santa Iglesia Cathedral de esta Ciudad, como siempre se ha practicado». Los sacerdotes que no fueran prebendados acudirían con sobrepellices, los legos de reserva con sus hachas de cera y los de disciplina se limitarían a un mero acompañamiento.

          El protocolo procesional se iniciaba con el estandarte negro identificativo de la Vera Cruz, llevado por un hermano designado por el preoste y asistido por dos acompañados; a continuación, otro hermano portaría la Cruz verde; después cuatro hermanos con la mayor decencia cargarían con el Cristo de la columna; el paso de la Cruz a cuestas correspondía llevarlo a hermanos de disciplina; tras ambos pasos, el Crucifijo grande llevado por uno de los doce sacerdotes; y, por último, la Virgen de la Soledad en andas, portada por cuatro sacerdotes de los doce capellanes, cubiertos con sobrepellices. Flanqueando las imágenes se colocarían los hermanos de reserva con las hachas encendidas y, entre ellos, los de disciplina. Cerrarían el cortejo procesional los hermanos sacerdotes con sobrepellices y el abad con capa pluvial, cantando el himno Vexilla. Con este orden se iniciaba el recorrido que «seguirá la prozesión por la alameda, por delante de san Francisco y a la puerta de Medina, entrara por la puerta de los Perdones de la Santa Iglesia, dara buelta a ella y entrara en la Parrochia de san Pedro que esta en ella, donde se colocaran los Pasos, y terminará la prozesión con la oración de el día, y allí se mantendrán con las lámparas que se ha acostumbrado hasta el Jueves de la Cena».

           La Guerra de la Independencia conllevó la desaparición temporal de las procesiones. Hasta 1820 no se regularizaron las procesiones de Semana Santa.

          En 1865 se determinaron los criterios para saber quiénes eran los encargados de portar la Virgen de la Soledad -la de la Vera Cruz- en las procesiones del Domingo de Ramos y Jueves Santo y la de la Alegría el Domingo de Pascua. De acuerdo con la decisión adoptada por la junta de diputación «se ordenó se nombren cuatro hermanos por la cabeza de la Cofradía, cada un año para que lleven la Sma. Virgen en el Domingo de Ramos y Juebes Santo, siempre que no haya Señores Sacerdotes que la lleven y que estos vayan con la debida decencia y compostura, y que en la mañana de Resurrección la lleven maitinantes de sobrepelliz a la Procesión del Smo. Sacramento, y que concluida esta en la capilla mayor, la tomen los Armados para bajarla a la hermita con todo orden y compostura».

En un artículo fechado el 10 de abril de 1928 y publicado en el Boletín Oficial del Obispado de Sigüenza de 16 de abril, el obispo firmaba una crónica acerca de sus impresiones de la Semana Santa seguntina, dando cuenta de algunos detalles que escapan a cualquier documento normativo, ya que sólo pueden ser conocidos por vía periodística u oral. Escribía que «en la mañana del Domingo de Ramos, acuden presurosos los niños a la Catedral para recoger de los señores Capitulares y Beneficiados las palmas que después por la tarde han de llevar orgullosos en la procesión que sale de la capilla de los Huertos dando escolta a los diversos pasos, cuyas imágenes admiran con fé y devoción todos los seguntinos».

A continuación se detallan los pormenores de esta procesión al hablar de los cultos de la Semana Santa, señalando que el Domingo de Ramos «por la tarde a las cuatro y media se llevaron en devota y solemne procesión las hermosas Imágenes de Jesús orando en el Huerto, Flagelación -Cristo de la columna-, Ecce Homo, Jesús con la cruz a cuestas -Caída de Jesús-, Crucifixión y Virgen de la Soledad, desde la iglesia de los Huertos a la Catedral.

          Interesa uno de los dos artículos que el Semanario Independiente Regional dedicó en su número del 25 de abril de 1935, firmado por Un viajero. Comienza con un breve preámbulo: «Veo en el último número de Blanco y Negro una fotografía de la Semana Santa en Sigüenza y decido ir. Ya en el tren, encuentro a veinte excursionistas que como yo visitan esta ciudad el Domingo de Ramos». Este anónimo personaje asistió a la bendición de ramos y a la misa de pontifical, dando cuenta que «la procesión de palmas al salir por la puerta de la Plaza es de un efecto sorprendente y de un colorido y de un sabor tan medioevo al divisar la incomparable plaza de Mendoza». Por la tarde concurrió a la Alameda, donde había ya una muchedumbre abigarrada, y vio la «hermosa iglesia de los Huertos, donde esculturas aceptables -muy hermosa la del Calvario- están preparadas para la procesión. Perspectiva admirable, desde la fuente del paseo, de la empinada calle por donde descienden en correcta formación, ataviados con lujosos trajes, los hermanos de la cofradía; cerrando el polícromo grupo numerosos centuriones con relucientes armaduras». Desde tiempo inmemorial los armados se han reunido en al atrio de la Catedral para encaminarse con posterioridad a la iglesia de salida de la procesión. De ahí que el autor de este artículo hable de descenso, es decir, de todos los hermanos desde el templo catedralicia a la iglesia de los Huertos en busca de los pasos para iniciar la procesión.

          A continuación describe que «el efecto de la salida de la procesión, bajo la tupida arboleda del paseo es inenarranable: hay tal tipismo, tal colorido en ordenación desordenada que es digno de pincel de maestro. Cada escultura de la Pasión, llevada por los centuriones, va escoltada por grupos de hermanos con lujosos detalles: capa negra y sayón blanco; capa morada y sayón negro; sayón negro y cinturón amarillo, con largas caperuzas... Los niños con sus palmas, en vanguardia, cantando siempre en música monótona; los artísticos “pasos” con sus encapuchados guardianes; los centuriones; lo impresionante del santo lugar en esa hora del atardecer... hace que no se borre este momento de la imaginación del turista que por vez primera visita Sigüenza».

Tras la Guerra Civil, la reconstrucción a la iglesia de los Huertos y la edificación del nuevo convento de monjas clarisas aledaño, por haber quedado destruido su edificio de la calle Mayor contiguo a la iglesia de Santiago, los pasos tuvieron su sede durante tres decenios en el antiguo convento de San Francisco, que desde el siglo XIX era colegio de las Madres Ursulinas. El programa de cultos organizados por la cofradía de la Santa Vera Cruz y Santo Sepulcro de 1955 nos da cuenta del itinerario: salida de la iglesia de las Ursulinas, calle de san Roque, Serrano Sanz -calle Medina- para terminar en la Catedral, a la que se entraba, como era costumbre inmemorial, por la puerta de los Perdones. Acabada la procesión se rezaba un rosario.

Con posterioridad todos los pasos de la Vera Cruz, a excepción de la Virgen de la Alegría, se trasladaban conjuntamente y por su orden cronológico desde las Ursulinas hasta la Catedral, donde en días sucesivos se reparten por las parroquias de la ciudad, salvo la Crucifixión y la Virgen Dolorosa que quedan en dicho recinto, que es donde se halla enclavada la parroquia de San Pedro.

La restauración de la iglesia de las Ursulinas -antiguo convento de San Francisco- en la década de 1970 originó un nuevo cambio en el recorrido. Las imágenes fueron trasladadas a la iglesia parroquial de Santa María. En 2011, una vez restaurada la ermita de la Orden Tercera, esta procesión vespertina volvió a salir del Paseo de Las Cruces, discurriendo por las calles San Roque y Medina, para finalizar en la Catedral.

Lo que no ha cambiado ha sido el destino final de esta procesión y la permanencia de todos o algunos de ellos en el recinto catedralicio durante los días centrales de la Semana Santa. Así, por ejemplo, en la petición que la Vera Cruz elevó al Cabildo en 1777 para que le otorgase su licencia con el fin de realizar sus funciones de Semana Santa con toque de campanas, se indicaba que era «para la procesión del Domingo de Ramos y Jueves Santo, dejando hasta este día los Santos Pasos e Imágenes en la Parroquia de San Pedro». Hoy en día, se colocan entre las dos primeras columnas de la nave central de la Catedral, entre la Puerta de los Perdones y el altar de la Virgen de la Mayor

       Desde el año 2010 participa en esta procesión vespertina una representación de la Cofradía de la Vera Cruz de Cifuentes, a raíz de la carta de hermandad que firmaron ambas el Domingo de Ramos de ese mismo año. En correspondencia, un grupo de armaos participa el Jueves Santo en la procesión que celebran los hermanos cifontinos.

 

 

 

©  Pedro Ortego Gil.

José María Cantarero.

Marina Ortego Carrascal